Tuesday, May 20, 2008

Teclear un sueño 20/05/08

Víctor Manuel Domínguez


Cubanos desempacando una computadora recién comprada. 
El costo de esta adquisición significa mas de tres años de salario promedio en Cuba


Un reporte de la AP publicado en El Universo de Guayaquil, Ecuador, informa que Cuba recientemente permitió a sus ciudadanos la compra de computadoras y ahora los habitantes de la isla anhelan poder conectarse a Internet. Según el reporte “el bloqueo de EE.UU. impide conectarse por cable, lo que encarece el servicio” y por lo tanto explica la inaccesibilidad del ciudadano al Internet.
Sin embargo, el ciudadano en Cuba responde con otras explicaciones a su inhabilidad de acceso a la red informática mundial. Para estos “las autoridades cubanas se escudan en las restricciones del Departamento del Tesoro de Estados Unidos” y entienden que la razón de la prohibición es que los funcionarios cubanos consideran la red un “un medio de destrucción masiva.” A continuación Víctor Manuel Domínguez, desde Cuba, nos amplia sobre el tema.

José A Hernández, MD
Presidente, CubaResponde
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PRENSA, INTERNET Y COMPUTACIÓN


Teclear un sueño

Víctor Manuel Domínguez

LA HABANA, Cuba - El monopolio tecnológico gubernamental que privilegiaba la venta de computadoras sólo a empresas estatales y extranjeros a partir de un criterio selectivo de confiabilidad, se ha derrumbado.
La posibilidad de que los cubanos de a pie adquieran una computadora personal sin que medie otra condición que el dinero, es un hecho.

Sin embargo, es ahí donde la suspensión de la orden que prohibía fueran dueños de una computadora, toma otro sesgo prohibitivo.

Los cubanos que viven de su trabajo sólo devengan como promedio 409 pesos; al cambio, 17 CUC. Los equipos, de procedencia china, cuestan 720 CUC.

Si sumamos y dividimos estas cifras, el trabajador con salario promedio tendría que estar más de tres años para adquirir una computadora, que por si fuera poco, no puede conectar a Internet.

Es decir, que sólo una minoría compuesta por gerentes, directivos, prostitutas, proxenetas, gastronómicos, cantineros de un hotel, banqueros del juego de la bolita, apostadores y algunos trabajadores por cuenta propia la podrán obtener.

Resulta difícil creer que un trabajador que viva sólo de su salario haya podido acumular ahorros que le permitan comprar una computadora.

Otra cosa difícil de superar para quienes tengan la posibilidad de adquirirla será la conexión a Internet.

En un país donde sólo el gobierno decide cuándo, dónde, cómo y bajo qué condiciones un ciudadano tendrá acceso de forma libre a la información, resulta imposible vislumbrar el tiempo que tomará el permiso para conectarse a la red.

Si en un informe de la Unión Internacional de Comunicaciones de Julio del 2006, se aseguraba que en Cuba sólo el 1,7/1000 usuarios tenían acceso a Internet, no es dado considerar que la venta de computadoras a la Isla signifique un cambio en estas violatorias regulaciones.

Primero, porque las autoridades cubanas se escudan en las restricciones del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, que impide el establecimiento de la conexión vía cable de fibra óptica.

Y segundo, ya que los funcionarios del sector consideran a la red como un medio de destrucción masiva, pues a través de la supuesta manipulación de las informaciones, subvierten, desacreditan y atentan contra los conceptos de identidad de la nación y el gobierno revolucionario.

No será nada fácil, al menos de forma legal, navegar libremente por todo el universo informativo que acumula la red, en un país donde las autoridades impiden cualquier tipo de acceso a una visión de la realidad que no sea la suya, suministrada de forma sistemática y panfletaria por los medios de comunicación que están en su totalidad bajo su poder.

Pero el pueblo respira aliviado. Cada levantamiento de una prohibición conlleva a que se anule otra.

Si hoy, de ser posible, adquieren una computadora, mañana de seguro podrán conectarla a Internet. Todo es cuestión de esperar, pero sin dejar de dar cada día un empujón.

Mientras tanto, es reconfortante poder teclear un sueño que siembre pesadillas en las noches prohibidas del poder.
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