Oscar Mario González
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El escritor francés Salim Lamrani en su artículo en Granma “La obra de Fidel Castro” alaba los logros del gobierno cubano.
Sin embargo en las palabras de Oscar Mario González pudiéramos considerar que el ciudadano en Cuba responde a esta conceptualización de la realidad cubana con una dosis de la dura realidad en la isla.
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LA HABANA, Cuba - Con la frase que sirve de titulo a esta crónica los cubanos quieren decir, en el argot popular, que la situación del país está difícil y de manera específica que cuesta mucho trabajo y demanda mucho esfuerzo el buscarse la vida, el proporcionarse la subsistencia.
Los aumentos de sueldos y pensiones puestos en práctica tres años atrás significaron un alivio momentáneo. Tras su implementación los artículos de primera necesidad, tanto los que oferta el estado como los que se adquieren en bolsa negra, empezaron a subir de precio y unos meses después la situación retrocedía al punto anterior para luego ir empeorando. Hoy día el dinero rinde poco.
Ir al agro mercado con cien pesos es regresar con una jaba de nylon a medio llenar. Todo se va en sofrito, ensalada y alguna viandita.
A diferencia del resto del mundo en que el trabajador se dirige al dueño en pos de un aumento de sueldo acá se requiere esperar a que el Comandante o su sustituto, como buenos padrecitos que son, se conduelan de la gente humilde y un día cualquiera anuncien por televisión un incremento salarial. Mientras ello no suceda hay que ir tirando como Dios y la Virgen quieran.
Como si fuera poco los gastos del hogar se ven incrementados con el pago de la mensualidad por el refrigerador recientemente adquirido. Según el gobierno es imprescindible la sustitución de estos aparatos por otros de procedencia china y de tecnología moderna con vistas al ahorro de energía. No hay dios que aguante el derroche de electricidad de los refrigeradores rusos con 30 y 40 años de uso, o el de los americanos con hasta 80 de servicio.
La gente no se explica del todo el por qué de esa obsesión con el ahorro energético cuando Chávez ha dicho bien claro que Cuba tendrá garantizado el suministro de petróleo durante los próximos doscientos años en un alarde de longevidad que deja chiquito, no digamos al Comandante, sino al mismísimo Matusalén.
Algunos comentan que Cuba vende parte del petróleo que manda Chávez. Siendo así el asunto se vuelve misterioso. ¿Cómo es posible que el cristiano viva bajo tierra como las lombrices con el barril de petróleo por las nubes?
Para agravar la situación los productos a comprar en los quioscos de moneda dura (pesos convertibles) escasean. A veces el detergente de a peso se pierde de los kioscos y hay que comprar el que vale dos, y esto sucede con otros artículos de primera necesidad como el jabón o las pastillitas de caldo de pollo que tanto le resuelve a la gente de bolsillos flacos.
Todo esto obliga a que el cubano promedio, es decir, el hombre común y corriente tenga que aumentar el nivel de “invento” que significa incrementar la actividad furtiva e ilícita ya sea robándole al estado o al resto de la población.
Así pues, el soldador tendrá que “sustraer” mayor cantidad de electrodos del taller; el boticario mayor número de paquetes de aspirinas de la farmacia y el “pizzero” incrementar la sustracción de queso para la posterior reventa en el mercado informal. El bodeguero se verá forzado a quitar algunas onzas más de las seis libras de arroz mensuales asignadas por la libreta de racionamiento a cada ciudadano y el del puesto de viandas, estatal o privado, ajustará su balanza de modo que cada libra de peso contenga dos onzas de menos.
El quid de la cosa reside en que el nivel de invento requerido para poder vivir se dispara de modo incontenible, mientras que las posibilidades de inventar permanecen fijas o más bien disminuyen. Aquí se va por tierra el lema revolucionario del que tanto gustaba el guerrillero argentino y que decía “Hacer más con menos”. También se pone de manifiesto que la cuanta no da y que violar las leyes de la aritmética trae consigo esta sofocación y este “corre- corre” del cual, por supuesto, ni se entera la gente de la “jai”. Pero es mejor que así sea, para que “los pobrecitos” permanezcan pegados al jamón sin sufrir por los males ajenos. Ya bastante hicieron con los tiros que tiraron en la Sierra, y como dice el refrán: Ojo que no ve corazón que no siente.
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Sunday, March 16, 2008
La jugada está apretá 16/03/08
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Cuba Responde
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10:15 AM