
Se ha reportado como un avance en materia de libertad de prensa las recientes declaraciones de Raúl Castro en el VIII congreso de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC). La aparentemente razón de este optimismo ha sido la siguiente frase, publicada por EFE, del actual Presidente de Cuba: "Veo que muchos problemas de los planteados -es una broma, ¿no?-, son tan viejos como Gutenberg, pero hay que resolverlos, poco a poco." Algunos interpretan esta expresión como su admisión de que existen problemas en la prensa en Cuba y sus deseos de resolverlos. Pero en realidad es una frase algo nebulosa que necesita ser analizada en contexto para poder entenderla, lo cual es posible si leemos las declaraciones del viceministro Esteban Lazo durante el mismo congreso. Este dice que "no habrá coqueteo alguno con la ideología enemiga." Y para que no haya confusión concluyen que “"la política informativa la decide el Partido (Comunista) y en cada medio de prensa su director es el responsable de su ejecución y está en sus manos la decisión final y la responsabilidad de lo que se publica." Estos mensajes que salen de la UPEC aclaran que entre los problemas a resolver que el Presidente Raul Castro tenía en mente, levantar la censura no era uno de ellos.
Esta es la conclusión que también vemos en la publicación española periodistas.es. Aquí leemos que “El gobierno cubano es dueño y controla todos los medios de prensa y restringe el acceso a Internet. Las autoridades no toleran ningún tipo de periodismo independiente. Los periodistas son constantemente vigilados, acosados, intimidados y encarcelados. El Partido Comunista controla todo el trabajo informativo a través del Departamento de Orientación Revolucionaria. Los derechos de prensa sólo se otorgan “conforme a los fines de la sociedad socialista”, según la Constitución.”
Durante el congreso de la UPEC, según reporta Circles Robinson, se discutió los pasos a tomar para mejorar el periodismo en Cuba. Además se resalto el peligro que representa para el pueblo el control de los medios de comunicaciones por las corporaciones como sucede en USA y Latinoamérica. El ciudadano en Cuba responde a estas alocuciones de la UPEC algo perplejo ya que para ellos si avanzar el periodismo en Cuba es la meta, lo primero que se necesita es terminar la censura estatal. Pero en Cuba si uno “Apuesta por la censura”, puede sentirse con plena confianza que ganará. De esta nos habla a continuación, desde Cuba, Jorge Olivera.
José A Hernández, MD
Presidente, CubaResponde
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PRENSA, INTERNET Y COMPUTACIÓN
LA HABANA, Cuba, junio - Todavía muy pocos en Cuba se atreven a ponerle voz y letras a sus pensamientos críticos. El costo sigue siendo alto. Cierto es que Raúl Castro ha entreabierto la puerta de los cambios, pero todo sujeto a la reserva y la previa selección.
En la isla poco ha cambiado respecto a la política comunicacional. Sin que quepan dudas, las líneas directrices de las publicaciones continúan sobre los carriles del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista. El supremo ente fiscalizador de las informaciones y opiniones aparecidas en los medios de prensa, todos bajo la égida del estado.
Se albergó alguna expectativa en torno a la noticia sobre la presunta inauguración de un periódico más dinámico y abierto en el sentido profesional. Es decir, que en él aparecerían coberturas con un índice de objetividad en armonía con los hechos, y no anclados a afectaciones utilitarias y con evidentes muestras de subordinación ideológica.
Si fue cierta la información, es posible que el proyecto haya vuelto a la gaveta o esté bajo un exhaustivo proceso de ajuste. Habría que calcular las dimensiones de la ventana informativa. Los aires del cambio podrían revolcar el mobiliario del régimen incluso a través de una pequeña abertura.
Si algo temen las estructuras de gobierno basadas en la manipulación y ocultamiento de información, entre otros medios represivos, es precisamente a la permisividad en estos ámbitos. Dejar opinar, publicar y crear a todos los cubanos interesados sería un paso demasiado arriesgado para las autoridades.
Unas de las primeras medidas adoptadas en los inicios del proceso revolucionario fue la aplicación de la censura a través de la inmediata clausura de los medios de prensa críticos o el sometimiento de éstos a una política de asedio que determinó su disolución.
Censura y terror son apenas un par de categorías de enfermiza funcionalidad en este medio siglo de unipartidismo. Por tanto, no es lógica la idea de un socialismo donde converja el respeto a la diversidad de ideas junto a doctrinas de gobierno basadas en la exclusión.
Ni los reporteros de la prensa extranjera acreditada se salvan de los prejuicios. Aunque pueden esquivar con éxito la cárcel, podrían enfrentar la expulsión o reprimendas públicas a partir de la valoración de los censores. Ser muy objetivos en determinados momentos resulta lesivo para los intereses de la nomenclatura.
Hay, en la superficie, algunas novedades. En el fondo las aguas siguen turbias por más que se quiera convencer sobre una gradual transformación de las esencias del sistema.
Más de 20 periodistas independientes permanecen tras las rejas acusados bajo términos jurídicos escandalosos. Mercenarismo, traición a la patria, agentes subversivos, son tres de las etiquetas proclives a acompañar a todo aquel que elija ejercer la profesión fuera de los controles del estado.
Que en el diario Juventud Rebelde, de alcance nacional, o en algunas de las páginas de publicaciones provinciales aparezcan de vez en cuando reportajes con cierto énfasis en la crítica no es motivo para celebrar el advenimiento de un sistema más tolerante.
Para estar seguro de esto último es menester una remodelación constitucional donde se legalice el derecho a la libertad de expresión.
Entonces no habrá que pensar en una paliza, un acto de repudio o en la cárcel mientras se escribe una crónica sobre el tema que haya entrado al círculo de las motivaciones.
En Cuba la censura conserva su estatus predominante. El espacio para escribir y crear al margen de las estructuras del estado es precario, quizás temporal, apenas un simple filón a merced de un portazo. Otra manera de ver las cosas es pura ilusión, o simplemente cinismo de la peor naturaleza.
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